Side Tracks fue lanzado como parte de Bob Dylan: The Complete Album Collection Vol. One, un ambicioso box set que celebró más de cinco décadas de producción musical. Esta colección no solo reafirmó a Dylan como una figura central de la música popular del siglo XX, sino que lo situó definitivamente en el territorio de los grandes autores de la cultura contemporánea, comparable a escritores o poetas cuya obra admite lecturas múltiples y constantes reinterpretaciones.
En este recorrido aparecen auténticas joyas como “Positively 4th Street”, feroz y mordaz; “Watching the River Flow”, de pulso relajado y reflexivo; o “George Jackson”, una muestra de su compromiso político explícito. Estas canciones evidencian la extraordinaria diversidad estilística de Dylan, capaz de moverse entre el folk, el blues, el rock y la canción de protesta sin perder nunca su identidad.
El lanzamiento de Side Tracks coincidió con un momento clave en la vida y la carrera del artista. En 2013, Bob Dylan tenía 72 años y atravesaba una etapa de consolidación y reconocimiento global de su legado, sin que ello implicara un repliegue creativo. Apenas un año antes había publicado Tempest (2012), un álbum de estudio aclamado por la crítica, en el que abordaba temas como la mortalidad, la violencia, la fatalidad histórica y el paso del tiempo con una energía narrativa sorprendente. Lejos de sonar crepuscular en un sentido pasivo, Tempest mostraba a un Dylan lúcido, oscuro y provocador, todavía dispuesto a incomodar.
Ese mismo espíritu de revisión crítica se reflejó también en la publicación de Another Self Portrait (1969–1971), el décimo volumen de The Bootleg Series, que rescató material inédito y tomas alternativas de una etapa largamente subestimada. Con ello, Dylan no solo ofrecía nuevas piezas a sus seguidores, sino que reclamaba el control sobre la interpretación de su propia historia artística, desmontando lecturas simplistas del pasado.
En paralelo, Dylan mantuvo una intensa actividad en vivo como parte de su legendaria Never Ending Tour. En 2013, esta se vio reforzada por la gira AmericanaramA Festival of Music, que lo reunió con artistas como Wilco y My Morning Jacket, subrayando su diálogo constante con generaciones posteriores. Conciertos como el de Cincinnati en julio, donde interpretó temas como “Things Have Changed” y “High Water (For Charley Patton)”, confirmaron que Dylan seguía siendo una presencia escénica impredecible y magnética, incluso cuando algunos críticos señalaban cambios en su voz o en los arreglos. Esa inestabilidad, lejos de debilitarlo, reforzaba su carácter enigmático.
Todo este periodo estuvo atravesado por una revalorización institucional de su figura, simbolizada por honores como la Medalla Presidencial de la Libertad, otorgada en 2012 pero aún resonante en 2013. Sin embargo, Dylan nunca permitió que estos reconocimientos lo convirtieran en una figura domesticada: seguía grabando, girando y reformulando su obra con la misma obstinación creativa de siempre.
Dentro de Side Tracks, una de las canciones más significativas es “Things Have Changed”, incluida originalmente en el año 2000 como parte de la banda sonora de la película Wonder Boys, dirigida por Curtis Hanson. Este tema le valió a Dylan un Oscar y un Globo de Oro a la Mejor Canción Original en 2001, consolidando su estatus como maestro letrista y compositor en pleno siglo XXI.
Grabada en Nueva York en 1999 junto a su banda de gira, la canción presenta un arreglo bluesy y contenido, sostenido por guitarras sobrias, una base rítmica firme y un tono vocal deliberadamente cansado. Líricamente, “Things Have Changed” está impregnada de desilusión, ironía y cinismo, mostrando a un Dylan que observa el mundo desde una distancia crítica, consciente de sus absurdos y contradicciones.
Aunque la letra incluye referencias directas a la película —lecciones de baile, el jitterbug rag, disfraces—, también despliega un imaginario apocalíptico que remite tanto a enseñanzas bíblicas como a obsesiones recurrentes en la obra tardía de Dylan: el fin de los tiempos, el colapso moral, la sensación de estar siempre al borde del abismo. Críticos como Michael Gray han señalado la riqueza de sus alusiones culturales, que van de Percy Bysshe Shelley a Duane Eddy, sintetizando un mundo en caos con un tono melancólico y resignado.
En conjunto, Side Tracks no es solo un complemento discográfico, sino una pieza clave para entender a Bob Dylan como artista total. Publicado en un momento de plena conciencia de su legado, el álbum revela que incluso en los márgenes de su discografía se encuentran algunas de sus expresiones más lúcidas y reveladoras. A sus 72 años, Dylan seguía demostrando que su impacto no pertenecía únicamente al pasado, sino que continuaba siendo profundamente relevante, desafiante y vivo.
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