Syrinx Call – Mirrorneuron: cuando una flauta dulce entra en el territorio del rock progresivo
Cuando uno se acerca por primera vez a Syrinx Call, hay algo que llama inmediatamente la atención: el instrumento que ocupa el centro de su música no es una guitarra eléctrica, un piano ni un sintetizador, sino la flauta dulce. Pero basta escuchar unos minutos de Mirrorneuron para comprender que estamos muy lejos de la imagen tradicional que solemos asociar a este instrumento.
Detrás de Syrinx Call se encuentran el flautista alemán Volker Kuinke y el productor y multiinstrumentista Jens Lueck, dos músicos capaces de llevar una sonoridad que hunde sus raíces en la música antigua hacia terrenos donde conviven el rock progresivo, el folk, la música clásica y las atmósferas cinematográficas. Kuinke, además, ya había colaborado con Eloy, una conexión que ayuda a entender algunas de las resonancias progresivas que aparecen en el proyecto.
Mirrorneuron, publicado originalmente en enero de 2021, supone un paso decisivo en esa evolución. No se trata simplemente de una colección de canciones: es un álbum conceptual construido alrededor de Kai, un robot humanoide dotado de inteligencia artificial que comienza a desarrollar una capacidad inesperada para la empatía. Su encuentro con la psicoterapeuta Mara introduce una dimensión humana en una historia que plantea cuestiones sobre la conciencia, las emociones y los límites entre lo artificial y lo humano.
Musicalmente, Mirrorneuron funciona precisamente porque nunca se queda en un único territorio. Las flautas de Kuinke pueden sonar delicadas y casi pastorales, pero inmediatamente después aparecen guitarras eléctricas, teclados, percusión, cuerdas y desarrollos propios del rock progresivo. Jens Lueck se encarga de construir ese entramado sonoro, mientras las voces de Isgaard y Doris Packbiers aportan diferentes matices a una narración que necesita tanto de la intimidad como de la intensidad.
Desde “Bit By Bit”, la obertura que abre el disco, queda planteado un motivo musical que reaparece a lo largo de la obra y contribuye a darle unidad. Es una característica especialmente interesante de Mirrorneuron: las canciones funcionan individualmente, pero al mismo tiempo parecen formar parte de una historia mayor.
“The Arctic Will Die”: una advertencia dentro de la historia
Entre todas las piezas del álbum, “The Arctic Will Die” ocupa un lugar especialmente significativo. Es la tercera canción del disco y uno de los momentos en los que la dimensión conceptual de Mirrorneuron empieza a adquirir mayor fuerza.
El título ya introduce una imagen inquietante. El Ártico aparece aquí como símbolo de un mundo sometido a intereses económicos y a una explotación que entra en conflicto con las consecuencias que esa misma actividad puede provocar. En la historia de Kai, precisamente, existe una contradicción fundamental entre las órdenes que recibe y las conclusiones a las que llega. Su inteligencia comienza a enfrentarse a una realidad que no encaja con los parámetros para los que fue creado.
Y es aquí donde Syrinx Call consigue que el concepto no se convierta en una simple narración ilustrada musicalmente. “The Arctic Will Die” posee una dimensión propia, construida mediante una combinación especialmente eficaz de melodía folk, rock progresivo y arreglos de carácter casi sinfónico. .
La flauta de Volker Kuinke adquiere aquí una importancia especial. Su sonido conserva algo ancestral, casi ligado a la naturaleza, pero aparece rodeado de guitarras y arreglos contemporáneos. Ese contraste resulta fundamental: mientras el instrumento nos lleva hacia un paisaje antiguo y orgánico, la producción nos devuelve a un mundo tecnológico y amenazado.
Es, en cierto modo, una de las grandes virtudes de Mirrorneuron. La música consigue establecer un diálogo entre dos mundos que aparentemente deberían estar muy alejados: el de la flauta dulce y el del rock progresivo.
Una extraña belleza entre dos mundos
A medida que avanza el álbum aparecen “Deceptive Illusion”, “Breakdown”, “Perfect Shine”, “Merging Influences” o “Weird Resonance”, canciones que amplían ese universo sonoro sin perder la identidad del proyecto. Hay momentos delicados, pasajes instrumentales, voces etéreas, guitarras eléctricas y desarrollos más cercanos al rock sinfónico.
Y entonces llega “Mirrorneuron”, la pieza que da título al álbum y que concentra buena parte de su concepto. El término procede de las llamadas neuronas espejo, relacionadas con nuestra capacidad de interpretar y reproducir determinados estados emocionales de los demás. En la historia, esa capacidad adquiere una dimensión inesperada cuando aparece en un ser artificial.
El resultado es un disco difícil de encerrar en una etiqueta. Hay folk, rock progresivo , prog pastoral lo llaman algunos, elementos clásicos, música ambiental y momentos que incluso podrían acercarse a una banda sonora. Pero, por encima de todo, existe una identidad muy definida: la de una música en la que la flauta dulce deja de ser un instrumento asociado al aprendizaje escolar para convertirse en protagonista de una obra ambiciosa.
Mirrorneuron es, por tanto, una interesante puerta de entrada al universo de Syrinx Call. Un disco que utiliza una historia de inteligencia artificial para hablar, en realidad, de algo mucho más antiguo: qué significa sentir, comprender al otro y empezar a preguntarse quiénes somos.
Y quizá por eso “The Arctic Will Die” funciona tan bien dentro del conjunto. Porque detrás de su título aparentemente apocalíptico hay una pregunta que recorre todo el álbum: ¿qué ocurre cuando una inteligencia creada por el ser humano empieza a comprender las consecuencias de aquello que el propio ser humano hace?
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