George Michael – Songs from the Last Century: mirar al pasado para encontrar una nueva voz
Hay discos que llegan en un momento determinado de nuestra vida y terminan asociados para siempre a una época, aunque con el paso de los años descubramos que quizá no eran los trabajos más conocidos ni los más celebrados de su autor. Algo así me ocurre con Songs from the Last Century, el álbum que George Michael publicó en diciembre de 1999 y que, con el tiempo, se ha convertido para mí en una de esas obras que merece ser recuperada.
Aún sin ser un gran admirador de George Michael, hubo una época en la que escuché con bastante frecuencia su música. Sin embargo, este álbum siempre me llamó especialmente la atención porque se alejaba bastante de lo que uno podía esperar de una de las grandes estrellas del pop de los años ochenta y noventa.
Aquí no encontramos una colección de grandes éxitos ni una continuación lógica de su carrera. George Michael decidió mirar hacia atrás y recuperar canciones pertenecientes a distintas épocas y estilos, muchas de ellas convertidas ya en clásicos. El resultado fue un álbum elegante, reposado y, sobre todo, diferente.
Y quizá precisamente ahí reside su interés.
Un disco para cerrar el siglo
Publicado cuando el siglo XX estaba llegando a su final, Songs from the Last Century tiene incluso algo de declaración de intenciones. George Michael parecía querer despedir una época echando la vista atrás y recuperando canciones que habían formado parte de la memoria musical colectiva.
El repertorio es sorprendentemente heterogéneo. Hay jazz, pop, chanson, soul y grandes baladas. Canciones que en algunos casos parecían intocables y que habían quedado asociadas de manera casi definitiva a sus intérpretes originales.
Entre ellas encontramos The First Time Ever I Saw Your Face, popularizada mundialmente por Roberta Flack; Roxanne, de The Police; My Baby Just Cares for Me, asociada a Nina Simone; Brother, Can You Spare a Dime?, el clásico de la Gran Depresión; o Miss Sarajevo, de U2 junto a Luciano Pavarotti.
La selección no parece responder a una lógica comercial convencional. De hecho, una de las particularidades del proyecto fue que parte de las canciones fueron escogidas a partir de una votación realizada entre sus seguidores a través de Internet, algo que hoy puede parecernos normal, pero que en 1999 todavía resultaba bastante novedoso.
George Michael tomó, por tanto, canciones que en buena medida pertenecían al público y decidió hacerlas suyas.
George Michael y Phil Ramone
Otro de los grandes atractivos del álbum está detrás de los micrófonos. Para la producción contó con Phil Ramone, uno de los grandes nombres de la producción musical estadounidense.
Ramone había trabajado con artistas de la talla de Frank Sinatra, Paul Simon, Billy Joel o Barbra Streisand, y su experiencia estaba especialmente relacionada con un sonido sofisticado, cálido y muy cuidado.
Su presencia resulta fundamental para comprender Songs from the Last Century.
El disco no busca la espectacularidad. Al contrario, los arreglos están construidos para dejar espacio a la voz. Hay piano, cuerdas, metales y una instrumentación elegante que recuerda en muchos momentos a las grandes producciones de jazz y pop orquestal del pasado.
Y es precisamente en este contexto donde George Michael demuestra una faceta diferente como cantante.
Estamos acostumbrados a asociarlo con el pop, con los grandes estribillos, las producciones electrónicas y canciones que marcaron las listas de éxitos. Aquí, sin embargo, tiene que enfrentarse a otro tipo de repertorio. Canciones que exigen interpretación, matices y capacidad para contar una historia.
Y George Michael responde con una voz mucho más contenida de lo habitual.
Roxanne: atreverse con The Police
Uno de los mayores desafíos del álbum era Roxanne.
La canción de The Police pertenece a un universo completamente diferente. La versión original tiene aquella tensión característica de Sting, una mezcla de reggae, rock y sensualidad que convirtió el tema en uno de los clásicos del grupo.
George Michael cambia radicalmente el enfoque.
En lugar de intentar reproducir la energía de The Police, transforma la canción en una especie de balada nocturna, más lenta, dramática y sensual. El tema adquiere un aire casi de club de jazz, y la voz se convierte en el elemento protagonista.
Es una de esas versiones que pueden provocar reacciones enfrentadas: precisamente porque no intenta respetar literalmente el original.
Pero quizá esa sea la clave.
Una buena versión no tiene necesariamente que copiar al artista que la hizo famosa. Tiene que encontrar una nueva lectura. Y eso es lo que intenta George Michael.
The First Time Ever I Saw Your Face
Mucho más cercana a la tradición de la gran balada encontramos The First Time Ever I Saw Your Face.
La canción había sido escrita por Ewan MacColl y alcanzó una enorme popularidad gracias a Roberta Flack, cuya interpretación terminó convirtiéndose en referencia.
Aquí George Michael adopta una actitud mucho más respetuosa y contenida. No necesita demostrar nada. La canción ya posee toda la emoción que necesita y su trabajo consiste principalmente en encontrar el tono adecuado para transmitirla.
Es probablemente uno de los mejores ejemplos de lo que pretende este álbum: recuperar canciones del pasado sin convertirlas simplemente en piezas nostálgicas.
Miss Sarajevo: una canción que cambia de significado
Y llegamos a uno de los momentos que más me interesan del disco: Miss Sarajevo.
La canción original fue publicada por U2 en 1995 bajo el nombre de Passengers, proyecto relacionado con Bono, The Edge, Brian Eno y Luciano Pavarotti. Nació vinculada a la guerra de Bosnia y al documental sobre el asedio de Sarajevo.
Su historia ya era extraordinaria.
En medio de una guerra, un concurso de belleza celebrado en Sarajevo se convirtió en un símbolo de resistencia. Las imágenes de aquellas mujeres desafiando el horror de la guerra dieron origen a una canción que mezclaba denuncia política, esperanza y una enorme carga emocional.
La versión original tiene además un elemento difícil de olvidar: la aparición de Luciano Pavarotti.
La voz de Pavarotti introduce una dimensión operística que contrasta con la interpretación de Bono. El resultado es grandioso, casi cinematográfico.
George Michael decide recorrer otro camino.
Su interpretación de Miss Sarajevo es más íntima. Desaparece buena parte de la grandilocuencia de la versión original y la canción queda mucho más expuesta emocionalmente. El piano, las cuerdas y la voz adquieren un protagonismo especial.
No intenta competir con Pavarotti.
Tampoco intenta convertirse en Bono.
Simplemente interpreta la canción desde otro lugar.
Y ahí es donde encuentro uno de los mayores aciertos del álbum. George Michael consigue que escuchemos de nuevo una canción que ya conocíamos, pero desde una perspectiva diferente.
No es un disco de grandes éxitos
Quizá uno de los problemas que tuvo Songs from the Last Century fue precisamente lo que lo hacía interesante.
Quien esperaba otro gran álbum de George Michael podía encontrarse con un disco de versiones, pausado, sofisticado y alejado de los sonidos que habían construido su enorme popularidad.
No hay aquí otro Faith, otro Listen Without Prejudice ni otro Older.
Pero tampoco parece que George Michael quisiera hacer eso.
Songs from the Last Century parece más bien un ejercicio de libertad. Un artista que, después de haber conseguido prácticamente todo lo que podía conseguir dentro del mundo del pop, decide detenerse y cantar canciones que le interesan.
Y eso explica también por qué algunas versiones funcionan mejor que otras.
No estamos ante un álbum diseñado para producir una colección de singles. Es un disco para escuchar en conjunto, prestando atención a los arreglos y a la interpretación.
Una voz que mira hacia atrás
Hay algo especialmente interesante en escuchar este álbum sabiendo que fue publicado justo al final de los años noventa.
George Michael había sido uno de los grandes protagonistas de las décadas anteriores. Había vivido el éxito de Wham!, su transformación en estrella mundial, la explosión de Faith y posteriormente una etapa mucho más personal con Listen Without Prejudice Vol. 1 y Older.
Cuando llega Songs from the Last Century, parece encontrarse en otro momento artístico.
Ya no necesita demostrar que puede escribir un número uno.
Puede permitirse cantar una canción de Nina Simone, una composición tradicional o un tema de The Police y dejar que sea la interpretación la que hable.
Por eso el título resulta tan apropiado.
Songs from the Last Century no es solamente una colección de canciones antiguas. Es también una mirada de George Michael hacia toda la música que había construido el siglo XX.
Un disco que merece una segunda oportunidad
Para mí, este álbum siempre ha tenido ese atractivo de las obras que se encuentran un poco al margen de la discografía más conocida de un artista.
No diría que Songs from the Last Century sea el mejor disco de George Michael. Tampoco creo que todas sus versiones estén a la misma altura. Pero sí creo que es uno de esos trabajos que permiten descubrir a un artista desde otra perspectiva.
Aquí encontramos a un George Michael menos preocupado por el éxito y más interesado en la interpretación.
Y quizá por eso, tantos años después, algunas de estas canciones siguen conservando su atractivo.
Cuando vuelvo a escuchar Roxanne, The First Time Ever I Saw Your Face o Miss Sarajevo, no tengo la sensación de estar escuchando simplemente versiones.
Escucho a un artista intentando dialogar con la música que le precedió.
Y en ese diálogo, especialmente en Miss Sarajevo, hay momentos de verdadera emoción.
Puede que Songs from the Last Century no sea el disco que uno elegiría para descubrir a George Michael. Pero para quienes ya conocemos su faceta más popular, resulta una puerta interesante hacia un cantante diferente: más maduro, más contenido y dispuesto a dejar que las canciones hablen por él.
Y quizá esa sea su mayor virtud: no intentar demostrar quién era George Michael, sino mostrarnos quién podía llegar a ser cuando dejaba a un lado las expectativas.
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