Michael McGoldrick – ARC: cuando la música celta se abre al mundo
Hay discos que no necesitan levantar la voz para demostrar su grandeza. ARC, publicado por Michael McGoldrick en 2018, es uno de ellos. Un álbum que nace profundamente arraigado en la tradición irlandesa, pero que se niega a permanecer encerrado dentro de ella.
McGoldrick, nacido en Manchester en 1971 en una familia de origen irlandés, es uno de esos músicos capaces de convertir la tradición en algo vivo. Flauta irlandesa, low whistle, uilleann pipes… sus instrumentos no funcionan únicamente como vehículos para reproducir melodías tradicionales, sino como auténticas voces con las que puede viajar desde la música celta hasta el jazz, el folk, la música africana o incluso territorios cercanos a la música de cine.
ARC llegó después de un largo silencio discográfico. Habían pasado ocho años desde Aurora (2010), y el álbum suponía apenas su quinto trabajo en solitario. Pero aquella espera tenía una explicación: la trayectoria de McGoldrick se había desarrollado intensamente junto a otros músicos y proyectos. Fue miembro fundador de Flook y Lúnasa, forma parte de Capercaillie, ha participado en The Transatlantic Sessions y durante años acompañó a Mark Knopfler, además de colaborar con artistas de mundos musicales muy diferentes.
Por eso ARC no parece tanto un regreso como la consecuencia natural de todo ese camino.
Un arco que une diferentes mundos
El propio título, ARC, tiene además un significado personal: está formado a partir de las iniciales de los nombres de los hijos de McGoldrick.
Y quizá sea una palabra especialmente apropiada para definir el álbum. Un arco une dos puntos separados mediante una trayectoria. Eso es precisamente lo que hace McGoldrick con su música: conectar tradición y modernidad, Irlanda y otras culturas, melodía y ritmo, intimidad y celebración.
El disco contiene 11 composiciones y dura cerca de 48 minutos. Pero lo más interesante no es únicamente la variedad de estilos, sino la naturalidad con la que todos ellos conviven.
Desde el comienzo, con “Five and Drive”, queda claro que no estamos ante un disco de música celta convencional.
“Five and Drive”: tradición con espíritu de jazz
“Five and Drive” abre ARC con una energía contagiosa. La pieza comienza de una manera relativamente contenida, con piano, batería y bajo, hasta que aparece el low whistle de McGoldrick y la música empieza a adquirir velocidad.
El bajo de Ewen Vernal aporta un componente especialmente importante, mientras guitarra, metales y percusión amplían el sonido tradicional hacia terrenos claramente contemporáneos.
Hay algo de jazz, algo de folk y algo de funk en la pieza. Y, sin embargo, el corazón sigue siendo inequívocamente celta.
La melodía se mueve con una libertad extraordinaria y los instrumentos parecen perseguirse unos a otros. Es una magnífica presentación de lo que McGoldrick pretende hacer durante todo el álbum: partir de la tradición para llevarla hacia lugares inesperados.
“Angel Meadow”: la otra cara de McGoldrick
Pero si “Five and Drive” representa el lado más dinámico y expansivo del álbum, “Angel Meadow” muestra la faceta más contemplativa del músico.
Es, probablemente, uno de los momentos más hermosos de ARC.
Interpretada principalmente con low whistle, la melodía posee una cualidad casi cinematográfica. El piano y las cuerdas, arreglados por Donald Shaw, crean un espacio sonoro amplio y delicado en el que la flauta parece avanzar lentamente, como si estuviera contando una historia sin necesidad de palabras.
Pero detrás de su belleza existe una historia mucho más dolorosa.
Angel Meadow hace referencia al barrio de Manchester que durante el siglo XIX acogió a miles de inmigrantes irlandeses que habían huido de la Gran Hambruna de Irlanda de 1845-1851. Muchos de aquellos emigrantes vivieron en condiciones de extrema pobreza, en sótanos húmedos y viviendas miserables.
McGoldrick transforma aquella historia de sufrimiento en una pieza de extraordinaria sensibilidad.
Y ahí está uno de los grandes méritos de la composición: no necesita dramatismo excesivo. No hay grandilocuencia. La música simplemente deja espacio para que el oyente imagine.
“Angel Meadow” es tristeza, pero también memoria.
La belleza de contar una historia sin palabras
Escuchando esta pieza se comprende mejor lo que puede hacer un instrumento tradicional cuando está en manos de un músico como McGoldrick.
El low whistle tiene una cualidad especialmente humana. Su sonido puede resultar cálido, melancólico y ligeramente frágil. En “Angel Meadow” parece casi una voz que recuerda.
Y el acompañamiento de piano y cuerdas consigue que la melodía se eleve sin perder su raíz folk.
Es fácil imaginar imágenes mientras suena: calles húmedas, niebla, familias llegando a una ciudad desconocida, la nostalgia de una tierra perdida y, al mismo tiempo, la necesidad de empezar de nuevo.
La música celta siempre ha tenido una enorme capacidad para hablar de la emigración, la memoria y la tierra. McGoldrick utiliza esa tradición para contar una historia muy concreta de su propia ciudad.
Manchester se convierte así en parte de la música.
Entre Irlanda, África y América
Uno de los aspectos más fascinantes de ARC es que McGoldrick no entiende la música celta como una frontera, sino como un punto de partida.
“Wassalou River”, por ejemplo, está inspirada en sus experiencias tocando junto a grandes cantantes de música mundial y conduce el álbum hacia África occidental. La influencia africana no aparece como un simple adorno exótico: forma parte de la arquitectura rítmica de la pieza.
También encontramos “Trip to Nova Scotia”, nacida de una actuación en el festival Celtic Colours de Cape Breton. La composición comienza de manera delicada y va adquiriendo movimiento, evocando la tradición musical de aquella región canadiense.
De esta manera, ARC termina convirtiéndose en un pequeño mapa musical.
Irlanda.
Manchester.
África occidental.
Canadá.
Y todos esos lugares encuentran un punto de encuentro en el sonido de un músico que entiende que la tradición nunca ha sido algo inmóvil.
Un disco lleno de contrastes
Después aparecen piezas como “Miss Catherine McGoldrick's Jigs”, un conjunto de jigs escrito para sus tres sobrinas, o “The Soaring Eagle”, que vuelve a mostrar esa combinación entre música tradicional y arreglos contemporáneos.
También encontramos “Black Swan on the Turlough”, “Simon & Candy's 50th Wedding Anniversary”, “John Kelly's Concertina”, “The Ogham Stone” y “Bill Malley's Barndance”.
Cada título parece esconder una pequeña historia.
Y esa es otra de las virtudes de McGoldrick: sus composiciones no parecen concebidas únicamente para demostrar virtuosismo. Detrás de muchas de ellas existe una persona, un lugar, una amistad, una celebración o un recuerdo.
La música termina funcionando como una especie de álbum de fotografías.
La tradición como algo vivo
Quizá por eso ARC sea un disco tan recomendable incluso para quienes no suelen acercarse demasiado a la música tradicional irlandesa.
Porque aquí no encontramos una recreación arqueológica del pasado.
Encontramos tradición viva.
McGoldrick conoce profundamente la música irlandesa, pero también ha pasado buena parte de su carrera rodeado de músicos de otras culturas y estilos. Esa experiencia se escucha en cada arreglo.
La flauta irlandesa puede convivir con una sección de metales.
El low whistle puede apoyarse en cuerdas.
El bodhrán puede formar parte de una arquitectura rítmica contemporánea.
La música africana puede dialogar con una melodía celta.
Y todo ello ocurre sin que el álbum pierda identidad.
Quizá esa sea la mejor manera de definir ARC: un viaje musical construido con recuerdos, lugares, personas y tradiciones, pero abierto constantemente hacia el exterior.
Y dentro de ese viaje, “Angel Meadow” ocupa un lugar muy especial.
Porque entre toda la energía y el virtuosismo del álbum, McGoldrick se detiene para recordar.
Recordar a quienes llegaron a Manchester buscando una vida mejor.
Recordar el sufrimiento de una comunidad.
Recordar que detrás de cada tradición hay personas y detrás de cada melodía existe una historia.
Y entonces el low whistle comienza a sonar.
No hace falta nada más.
La música habla por sí sola.
Michael McGoldrick – ARC. Una joya de la música celta contemporánea que demuestra que las raíces no están para encerrarnos en el pasado, sino para ayudarnos a viajar mucho más lejos.
Escuchar *ARC* en Bandcamp oficial de Michael McGoldrick
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