Karl Jenkins – Stravaganza: cuando la música vuelve a mirar hacia su propia arquitectura
Hay compositores capaces de moverse entre mundos aparentemente muy diferentes sin perder nunca su identidad. Sir Karl Jenkins es uno de ellos. Su música puede beber de la tradición clásica, acercarse al jazz, incorporar elementos populares y, al mismo tiempo, conservar una personalidad perfectamente reconocible.
En 2024, coincidiendo con su 80.º aniversario y después de firmar un contrato vitalicio con Decca Records, Jenkins regresó a la escena discográfica con Stravaganza, un álbum que resume muy bien esa inquietud creativa que le ha acompañado durante toda su trayectoria: respetar la tradición sin quedar atrapado en ella.
Pero Stravaganza es también un disco lleno de pequeñas historias.
Hasta su portada parece esconder una de ellas.
La imagen fue creada por el pintor italiano Andrea Vizzini, cuya relación con Jenkins nació de una de esas coincidencias que parecen demasiado perfectas para ser casuales. Años atrás, la esposa del compositor descubrió una obra de Vizzini y comentó que aquella pintura parecía “sonar” como la música de Karl. Lo sorprendente llegó después, cuando descubrieron que el artista había realizado precisamente aquella obra mientras escuchaba la música de Jenkins.
Una pintura inspirada en una música que, sin saberlo, había inspirado la percepción de la propia pintura.
Hay encuentros artísticos que necesitan una explicación. Este, sinceramente, casi no la necesita.
Stravaganza: el saxofón como protagonista
El corazón del álbum lo encontramos en el Concierto para saxofón Stravaganza, escrito expresamente para la extraordinaria saxofonista Jess Gillam.
El título procede del italiano y puede traducirse como “excentricidad” o “extravagancia”, una palabra que encaja perfectamente con el espíritu de la obra. Jenkins se inspira en la experiencia de Gillam cuando descubrió el saxofón en un ambiente carnavalesco de su Cumbria natal y transforma aquella memoria en una composición dividida en cuatro movimientos.
Aquí Jenkins vuelve a demostrar su capacidad para tender puentes. El jazz y la tradición clásica se encuentran, se mezclan y, en algunos momentos, parecen desafiarse mutuamente. El saxofón soprano de Gillam ocupa el centro de la escena, pasando de la delicadeza a la virtuosidad y convirtiéndose en un personaje más que en un simple instrumento solista.
La obra fue encargada por BBC Radio 3 y la Orquesta Sinfónica Alemana y estrenada en junio de 2023 en la Filarmónica de Berlín por la propia Gillam junto a la DSO. En Stravaganza, grabada con la Royal Philharmonic Orchestra, aquella creación adquiere una nueva dimensión.
Palladio Reimagined: volver a construir una obra conocida
Pero para quienes llevamos años escuchando a Jenkins, quizá uno de los mayores atractivos del álbum se encuentre en Palladio Reimagined.
Aquí sucede algo especialmente interesante: el compositor regresa a una de sus obras más reconocibles, Palladio, escrita originalmente en 1995, y decide contemplarla desde otra perspectiva.
La pieza nació inspirada en el arquitecto renacentista Andrea Palladio, y su propia estructura musical parece responder a esa idea de equilibrio, proporción y simetría que caracteriza la arquitectura palladiana.
Con el paso del tiempo, Palladio se convirtió en una de las composiciones más populares de Jenkins y alcanzó una enorme difusión internacional después de ser utilizada en el famoso anuncio “A Diamond is Forever” de De Beers.
Pero ahora Jenkins vuelve a entrar en aquella construcción musical y decide ampliarla.
En Palladio Reimagined, la arquitectura original se conserva, pero aparecen nuevos espacios. La orquestación ampliada, con una presencia más destacada de las secciones de viento, introduce nuevas capas de sonido y proporciona a la obra un dramatismo diferente.
Ya no es exactamente aquella pieza que conocíamos.
Pero tampoco deja de serlo.
Y quizá ahí reside su mayor interés: Jenkins no intenta sustituir el pasado, sino conversar con él.
Escuchando el Allegretto, uno tiene la sensación de contemplar una construcción que conocemos perfectamente, pero desde un ángulo nuevo. Los patrones rítmicos, las repeticiones y el poderoso impulso de la composición continúan presentes, aunque ahora respiran dentro de una orquesta más amplia y expresiva.
Una carrera que continúa mirando hacia delante
Eso es, en definitiva, lo que hace especial a Stravaganza. No parece un disco concebido para celebrar únicamente el pasado de Karl Jenkins, aunque llegue precisamente cuando el compositor cumple 80 años.
Es, más bien, una demostración de que la experiencia no tiene por qué significar inmovilismo.
Jenkins mira hacia atrás para recuperar Palladio, pero también hacia delante con Stravaganza. Reinterpreta una obra de 1995 y, al mismo tiempo, presenta una composición nueva concebida para una joven intérprete como Jess Gillam.
Tradición y futuro.
Arquitectura y movimiento.
Disciplina y libertad.
Quizá esas contradicciones sean precisamente las que mejor definen a Karl Jenkins.
Y mientras Palladio Reimagined vuelve a levantar aquella arquitectura sonora que conocemos desde hace décadas, Stravaganza demuestra que dentro de ella todavía quedan habitaciones por descubrir.
Porque algunas obras no envejecen.
Simplemente esperan a que su propio creador vuelva a abrir la puerta.
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