Hay ocasiones en las que merece la pena salir de nuestra zona de confort musical. Quienes llevamos muchos años escuchando rock solemos descubrir, tarde o temprano, que existen otros territorios sonoros igual de apasionantes. En mi caso, ese viaje comenzó gracias a la música minimalista. Se suele decir, y creo que no les falta razón, que muchos aficionados al rock —especialmente al rock progresivo— acaban encontrando un vínculo natural con compositores minimalistas como Philip Glass, Michael Nyman o Wim Mertens. Después de convivir durante años con las largas suites de Yes, Genesis o King Crimson, resulta casi inevitable sentirse atraído por esa forma de construir la música a partir de pequeñas células melódicas que evolucionan lentamente hasta alcanzar una enorme intensidad emocional.
Así fue como descubrí a Wim Mertens, un compositor que terminó convirtiéndose en uno de mis músicos imprescindibles. Su manera de entender el piano, la repetición y el desarrollo melódico posee una personalidad absolutamente inconfundible. Su música no busca el impacto inmediato; necesita tiempo para desplegar toda su belleza. Poco a poco, casi sin darte cuenta, esas melodías repetitivas comienzan a crecer, a transformarse y a crear una sensación hipnótica que termina envolviendo por completo al oyente.
A lo largo de los años he tenido la oportunidad de hablar en numerosas ocasiones de algunos de los mejores discos de Wim Mertens, una discografía inmensa y repleta de auténticas joyas. Sin embargo, hoy quiero detenerme en una obra muy especial dentro de su trayectoria: What You See Is What You Hear, un extraordinario álbum en directo acompañado por un magnífico DVD que permite contemplar toda la intensidad del concierto.
Más que un simple documento en vivo, este trabajo representa una de las mejores formas de descubrir el universo musical de Mertens. En él encontramos al compositor rodeado de un amplio ensemble instrumental que aporta una dimensión completamente distinta a unas composiciones que muchos conocíamos originalmente interpretadas únicamente al piano.
Es precisamente ese formato orquestal uno de los grandes atractivos del concierto. Las composiciones adquieren una profundidad completamente nueva cuando el piano comienza a dialogar con las cuerdas, los instrumentos de viento y la percusión. Lo que en estudio podía parecer íntimo y contenido se convierte aquí en un organismo vivo que respira, crece y evoluciona constantemente.
Resulta fascinante observar cómo cada músico participa en la construcción de ese inmenso paisaje sonoro. Las distintas familias instrumentales van apareciendo progresivamente, añadiendo nuevas capas armónicas sin romper nunca el delicado equilibrio que caracteriza la escritura de Mertens. Todo fluye con una naturalidad asombrosa, permitiendo que las melodías se expandan hasta alcanzar una dimensión casi cinematográfica.
Además, el DVD añade un valor incalculable a la experiencia. Poder contemplar los gestos del director, la concentración de los músicos y la forma en que cada instrumento entra en el momento preciso permite comprender mucho mejor la enorme complejidad que existe detrás de una música que, en apariencia, puede parecer sencilla. Como ocurre con las grandes obras minimalistas, la dificultad no reside en tocar muchas notas, sino en conseguir que cada una tenga el peso exacto dentro del conjunto.
Entre todas las composiciones que forman parte del concierto, existe una que siempre consigue emocionarme de manera especial: Not at Home.
Se trata de una de esas piezas que resumen perfectamente el talento compositivo de Wim Mertens. Desde los primeros compases, el piano establece un motivo aparentemente sencillo, casi frágil, que poco a poco comienza a transformarse mediante pequeñas variaciones rítmicas y armónicas. La repetición nunca resulta monótona; al contrario, funciona como un mecanismo de crecimiento continuo donde cada nueva intervención instrumental añade un matiz distinto.
Lo que más me fascina de Not at Home es precisamente la forma en que la composición va desarrollándose lentamente. Todo comienza únicamente con el piano de Mertens, interpretando ese característico patrón minimalista con una delicadeza casi hipnótica. Poco a poco van incorporándose las cuerdas, después los instrumentos de viento y el resto del ensemble, construyendo un crescendo perfectamente calculado que aumenta la tensión emocional sin necesidad de recurrir a grandes cambios melódicos.
Es un crecimiento orgánico, casi imperceptible, pero extraordinariamente efectivo. La música parece respirar, expandirse y cobrar vida propia hasta desembocar en un clímax de enorme fuerza expresiva. No existe estridencia ni grandilocuencia; únicamente una acumulación constante de belleza que termina envolviendo por completo al oyente.
Cada vez que escucho esta interpretación tengo la sensación de entrar en un espacio suspendido fuera del tiempo. Como si durante unos minutos desaparecieran las preocupaciones cotidianas y solo existiera el diálogo entre el piano y la orquesta. Es una música profundamente contemplativa, capaz de provocar emociones distintas en cada escucha. Un día transmite serenidad; otro, una melancolía difícil de explicar; en otras ocasiones, una inesperada sensación de esperanza.
Esa es, probablemente, una de las mayores virtudes de Wim Mertens: nunca impone una emoción concreta. Sus composiciones permanecen abiertas para que sea el propio oyente quien complete el significado de cada nota según su estado de ánimo o el momento de su vida.
What You See Is What You Hear constituye, en mi opinión, una de las mejores puertas de entrada al universo del compositor belga. Un concierto que demuestra hasta qué punto sus obras adquieren una nueva dimensión cuando son interpretadas por un ensemble de esta calidad y donde cada pieza respira con una intensidad extraordinaria.
Y si tuviera que recomendar un único momento de este magnífico directo, elegiría sin dudarlo Not at Home. Una composición que resume a la perfección todo aquello que hace grande a Wim Mertens: la sencillez convertida en emoción, la repetición transformada en belleza y la capacidad de construir, con muy pocos elementos, un universo sonoro capaz de conmover profundamente. Cada nueva escucha confirma que estamos ante uno de los grandes maestros de la música minimalista contemporánea.
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